SALMO 23 (22) “Nada temo porque Tú vas conmigo”

1. El Señor es mi pastor, nada me falta:
2. en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia .fuentes tranquilas
3. y repara mis fuerzas, me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
4. Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
5. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
6. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los día de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
1. AMBIENTACIÓN.
Dos imágenes orientales de gran fuerza dan vida a este precioso salmo: la vida pastoril y la hospitalidad. Imágenes que, para gran parte de los hombres de hoy, han perdido mucha, sino toda, su fuerza. Imágenes, sin embargo, que deben ser re­cuperadas para captar la profundidad de este pequeño poema cientos de veces co­mentado y tratado por exegetas, poetas, místicos, simples hombres y mujeres que, con él, se abandonaron confiadamente en Dios.
Precisamente puede ser un buen inicio de acercamiento a este salmo el recoger al­guno de los muchos calificativos que los comentaristas le han dirigido. Todos ellos coinciden en señalar la belleza del salmo: "tesoro auténtico del salterio" (J. Vernet); "bello poema idílico" (M. García Cordero); "pequeño y delicado poema" (A. González); “lírica estudiadísima y continuamente reso­nante en la liturgia... donde piedad y poesía se encuentran” (G. Ravasi). Pero más que todos estos calificativos puede ayudarnos a orarle en profundidad el clima general que todos los autores encuentran en él. La coincidencia es absoluta: confianza serena y total del orante en pre­sencia de Dios que está siempre con él: "el salmo 23 es de una serenidad y placidez casi bucólica. Con acentos serenos, con la entrañable placidez de un cristalino arroyo, se canta la dulzura de la fe” (J. Collantes); “es una lección de confianza tranquila en Dios” (M. García Cordero); es "sensación de paz y dicha bajo esa presencia protectora que le encubre" (A. González)). Todo esto explica la exclamación gozosa de otro co­mentarista: "Bendito el día en que nació este salmo, pues él ha calmado más dolor que toda la filosofía del mundo" (W. Bee­cher).
2. ANÁLISIS.
Desde este primer acercamiento po­demos intentar una profundización en el salmo, teniendo siempre presente la acer­tada observación de G. Ravasi: "Una difu­sión y un éxito tan vastos... han falseado, empobrecido o desviado el sentido genuino de esta lírica esencial y conmovida. Es necesario, por lo mismo, pasar de la periferia al corazón de este salmo, que es elemental en el pensamiento, en las imágenes y en las emociones y, precisamente porque es sim­ple y esencial, es difícil de explicar". Para facilitar esta profundización señalamos las siguientes pistas:
A) Como género literario el Sal 23 es encuadrado entre los cantos de confianza, es decir, entre aquellos salmos que celebran el abandono sereno y total en Dios al que se confía la existencia toda. Pero, como desta­can también los comentaristas, la meta del salmista es muy precisa: "habitaré en la casa del Señor" (v. 6). Por ello parece también que este breve salmo se aproxima a los salmos de subida, aquellos que los pere­grinos recitaban en su marcha hacia el tem­plo en el que estaba fundada su confianza absoluta garantizada por la presencia salva­dora del Señor.
B) Relacionado con el género literario está también la búsqueda del contexto en el que nació el salmo, búsqueda que no ha encontrado soluciones definitivas, pero que puede contribuir, dice Ravasi, "a abrir el tesoro escondido de esta poesía perfecta en sí misma". Enumeramos algunas de las pistas seguidas por los autores, pistas que pueden ser otras tantas ayudas para la ora­ción cristiana del salmo. Éste sería, para unos, el canto de un levita que pregona la excelencia de su elección, mientras, para otros, es el canto de despedida de un pere­grino que marcha del templo y pide pro­tección. Otros creen que sólo se explica el salmo colocándolo en el templo de Jerusa­lén, en tanto que algunos piensan descubrir en él un sacrificio de acción de gracias de un acusado injustamente. Son sólo pistas y en todas ellas destaca la protección divina que provoca la paz y la alegría.
C) La estructura simbólica, como hemos señalado ya, es simple aparentemente, pero de gran profundidad: vida pastoril y hospita­lidad constituyen los dos simbolismos fun­damentales y en torno a ellos se construye todo el salmo:
- Pastor: es el símbolo primordial, de gran fuerza para el israelita, símbolo, por lo demás, ampliamente usado en la Biblia, aplicado a David (2Sam 5,2) o a los pas­tores infieles que se olvidan de cuidar sus rebaños (Ex 34, 2.4). Pero sólo Dios es el verdadero pastor; sólo él puede superar todos los obstáculos que se interponen en el camino; sólo él no traiciona jamás a sus ovejas. El símbolo adquiere más fuerza si tenemos en cuenta, como señala Ravasi, que en el mundo oriental el pastor no es sólo el guía que sabe conducir al pasto o al oasis, sino que es, sobre todo, "el constante compañero de viaje para quien las horas de su rebaño son sus mismas horas, los mis­mos riesgos, la misma sed y la misma ham­bre".
- Hospitalidad: en este simbolismo se encierra todo el mundo hospitalario de oriente y toda la fuerza que los banquetes tienen a lo largo de la Biblia. Basta recordar la praxis de Jesús en el evangelio (Lc 15; Mt 25,10; Jn 6). En el símbolo aparecen los elementos esenciales de la hospitalidad oriental: una mesa ricamente preparada, el perfume con que se unge a los huéspedes, la copa rebosante..., es decir, todo aquello que habla de la acogida y la importancia del que llega a la casa.
D) Desde estos símbolos podemos acer­carnos al desarrollo temático del salmo:
- vv. 1-4: canto del pastor: desde una de­claración programática: "El Señor es mi pastor", se plantea la convicción fundamen­tal: sólo él y nadie más que él es el pastor. Desde ahí se entiende todo lo demás: no carece de nada: praderas verdes, fuentes tranquilas, guía seguro para las cañadas pe­ligrosas. Y una certeza: "Tú vas conmigo", que es el centro del salmo y desde el que hay que interpretar lo demás. Todo esto ad­quiere más fuerza si lo situamos en la geo­grafía donde surgió: "los pastos frescos y las aguas tranquilas, las veredas rectas y los valles tenebrosos son elementos vigorosos, si no se les destierra de su contexto bíblico, de la geografía, el clima y las costumbres en que el poeta se encuentra" (A. González);
- vv. 5-6: canto del huésped: es el tér­mino del itinerario del pastor, la meta a la que tiende: la casa que recibe al peregrino, adquiriendo horizontes insospechados en el templo del Señor. Desde una declaración preliminar: "Preparas una mesa ante mí", el salmista describe detalladamente la hospi­talidad que exige la unción y la copa rebo­sante. Y la razón fundamental: la bondad y la misericordia del Señor le llevan a habitar indefinidamente en su templo, "intensa as­piración a no separarse jamás del templo y de su paz" (G. Ravasi).
3. PISTAS PARA LA ORACIÓN.
Las reflexiones anteriores nos abren numerosas pistas para orar el salmo en cris­tiano. Todas nos hablan de serenidad, paz, abandono en las manos de Dios. Alguna más puede ayudarnos a gustar la belleza y profundidad del salmo:
A) La primera nos habla de hombres con­cretos que rezaron este salmo en circunstan­cias bien concretas. Por ejemplo, Francisco de Asís, según nos cuenta S. Buenaventura, lo va desgranando confiadamente mientras camina al campamento del Sultán. En la no­vela "El día más largo", C. Ryan presenta a un soldado que, para calmar la tensión del momento, lee en voz alta para sus compa­ñeros este salmo.
B) Y ¿cómo no orarlo desde las palabras desgarradas y desacralizadoras de un droga­dicto, citadas por Ravasi: "La heroína es mi pastor, de ella siempre tendré necesidad. Me hace descansar en los arroyos, me conduce a una dulce locura, destruye mi vida... Sí, aunque camine por el valle de la muerte, no temo ningún mal, porque la droga está con­migo. Mi jeringuilla y mi aguja me traen tranquilidad"?
C) Podemos orarlo también a la luz de los textos a los que acompaña como salmo responsorial: Dan 13, 1ss; Is 25, 6-10; Heb 13, 20-21..., textos que nos remiten a la declaración formal y solemne de Jesús: "Yo soy el buen pastor; conozco a las mías y las mías me conocen a mí" (Jn 10,1-16).

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